lunes, 30 de septiembre de 2013

Ética del Cuidado

I. INTRODUCCIÓN.

La Enfermería es la unión de múltiples conceptos. Éstos aluden a lo que entrega, lo que busca, a sus acciones y su esencia. Podemos abarcarla desde múltiples esferas, debido a que recíprocamente las abarca ella también. Desde un enfoque humanizado de la enfermería, el amor no pudiese dejarse de lado. Desde su área científica, es potenciadora y complemento de toda profesión que busque, al igual que ella, un fin común: el bienestar de las personas. 

El cuidar es la idea moral de la enfermería, su esencia. El ‘ser’ de la misma. No basta sólo con los conocimientos científicos para una buena praxis, se requiere de una base en lo valórico, de virtudes adquiridas, de respeto y entendimiento de lo “frágil”, lo “débil”, lo “dependiente”. Cada persona es única e individual. Cada quien busca alcanzar sus objetivos de una forma u otra. La enfermería debiese manifestar disposición tal de incorporar en su planificación y entrega de herramientas, las ideas, necesidades, creencias y valores de quienes acudan a ella, de manera individual o comunitaria.

Se hace entonces necesario el entablar una serie de valores que cada profesional enfermero debiese poseer, o en su defecto buscar alcanzar. Logrando así reflejar en el hacer una fusión entre la ciencia con sus conocimientos, y el arte en los modos de entrega y disposición ante las personas. En otras palabras, el perfeccionamiento de la praxis, respaldado en lo moral y los principios bioéticos tales como la “Beneficencia”.

Competencia, conciencia, compasión, confidencia y confianza son los cinco “Constructos éticos del cuidar”. Cada uno tan necesario como el otro para llevar a cabo una disciplina que se basa en la humanidad. Cada uno necesario además, en velar por la autonomía y el empoderamiento de las personas, respetando su dignidad e integridad. 

Los constructos nos dan el “deber ser” del cuidar, formando parte de la sustancia vital de nuestra profesión. Quien no sea compasivo no creará la confianza. Quien no entable la confianza no será un buen confidente. Sin confidencia surge el desconocimiento y en base a esto se desmoronan los planes y la toma de decisiones. Se deja en claro, por lo tanto, que un ‘buen hacer’ parte desde la buena relación terapéutica profesional-persona, en donde las intervenciones se establecen desde perspectivas incluyentes: El profesional enfermero, con su experiencia y conocimiento y la persona, junto a sus valores, creencias y necesidades. 

A continuación se identificarán las implicancias de los aspectos éticos del cuidado en la atención de enfermería, sin dejar de lado el trabajo y la labor interdisciplinaria del equipo como un todo en beneficencia de la persona y su entorno. 


II. MARCO REFERENCIAL. 

El contenido del texto guía sobre los “Constructos éticos del cuidar” puede sintetizarse del siguiente modo.

En primer lugar, podemos señalar que los llamados constructos éticos son las virtudes elementales y fundantes que se necesitan para cuidar con excelencia profesional a un ser humano. En cuanto virtudes, se trata de hábitos buenos tanto personales como profesionales. Dichas virtudes tienen relación con el ejercicio o praxis del cuidar y no con su dimensión teorética y técnica.

Estas virtudes esenciales para cuidar a otro ser humano son, según el texto, cinco: compasión, competencia, confidencialidad, confianza y conciencia.

La virtud de la compasión -la más fundamental, pero no suficiente de suyo- consiste básicamente en percibir y hacer propio el sufrimiento ajeno, tanto el físico como el moral, como si fuese una experiencia propia. La compasión debe distinguirse de la mera empatía, pues esta última tiene un carácter más bien espontáneo, mientras que la virtud (del latín virtus= “fuerza”) de la compasión exige un arduo trabajo personal. Por tratarse de una virtud, que tiene la compasión va perfeccionando moralmente a quien la cultiva y ejerce. Puede distinguirse una compasión estática de una compasión dinámica. La primera sería más bien un sentimiento que se lamenta de la situación ajena, mientras que las segunda genera (del griego dynamis= “fuerza”) un movimiento solidario. Solo se puede experimentar compasión cuando se tiene una real experiencia de la vulnerabilidad, tanto propia como ajena. 

Por tanto las virtudes básicas que guían el desarrollo moral del arte del cuidar nos piden, en primer lugar, tomar conciencia o conocimiento de la vulnerabilidad propia. Cuando aceptamos que no lo sabemos todo y que nuestras fuerzas y capacidades físicas se merman con la enfermedad y el dolor, nos vamos haciendo capaces de ponernos en el lugar de quien experimenta o ha experimentado el dolor. Conociendo nuestras propias limitaciones (morales y físicas) y vulnerabilidad nos podemos abrir, generosa y desinteresadamente, al otro. Ahora bien, esto pide un autoconocimiento cada vez más logrado, pues reconocerse limitado y reconocer la limitación ajena pide un esfuerzo permanente. La auténtica compasión no es algo sencillo de conseguir. Debemos luchar arduamente para no quedarnos entrampados en simples sentimientos de compasión y pasar, activamente, a una acción solidaria concreta para con quien experimenta algún tipo de sufrimiento y, según nuestras posibilidades, podemos cuidarlo en su medio de su dolor.

La competencia, por su parte, tiene relación con la capacitación requerida para ejercer una determinada profesión -en este caso, para ejercer el arte del cuidar- de un modo óptimo. Dicho de otro modo, es una exigencia moral-profesional alcanzar un profundo, acabado y renovado conocimiento del arte del cuidar. Dichos conocimientos deben abarcar también el campo moral y psicológico.

Tenemos la obligación moral y profesional de formarnos en el arte del cuidar, explotando al máximo nuestras capacidades, tanto humanas como profesionales. Para nosotros el estudio y la correcta ejecución de una determinada técnica de enfermería no es un simple agregado que habrá de traducirse en una buena calificación. Estamos hablando de un imperativo o exigencia en el orden del bienestar y cuidado de un ser humano que goza de una dignidad única e intrínseca y que, en algún momento, estará a nuestro cuidado. Si perdemos esto de vista, estaremos, de un modo u otro, traicionando la confianza de quien se pondrá en nuestras manos cuando experimente el dolor.

La virtud de la confidencialidad no es otra cosa que la capacidad de escuchar y saber guardar el mundo interior de quien está sufriendo y que nos es confiado en medio de la vulnerabilidad. Como norma de buena educación, se trata de no perder de vista que no es necesario saberlo todo y decirlo todo. Con sumo tino hay que respetar la privacidad ajena, sabiendo acoger con sencillez y naturalidad lo que nos quieran decir y no más que eso.

La exhibición del mundo interior ajeno y propio es algo que debemos evitar poniendo lo mejor de nosotros. Desde el sencillo hecho de respetar la corporalidad ajena –no todos se sientes orgullosos de sus cuerpos-, hasta tratar con naturalidad y sencillez la gravedad de un determinado diagnóstico, pues, hay patologías, bien lo sabemos, asociadas a ciertas conductas sexuales o abuso de drogas, por ejemplo, que lo más probable que quienes las padecen no se sientan felices de ser expuestos públicamente como objeto de estudio. El respeto por la dignidad del otro es fundamental, más todavía si se trata de alguien que está experimentando dolor. Debemos siempre tener presenta que el mundo interior ajeno es un santuario que debe ser tratado con delicadeza.

La confianza, en cuanto virtud, es el reconocimiento de la autoridad moral y profesional que se logra proyectar en otro. La confianza está presidida siempre por la fidelidad, esto es, alguien se fía de nosotros, hace un acto de fe en nuestra competencia humana y profesional. Se debe dar pruebas y garantías de la propia valía moral y profesional por medio de la eficiencia y eficacia en el arte del cuidar. No obstante, hay que perder de vista que el arte del curar y del cuidar son finitos. La confianza se construye sobre la verdad de la propia limitación y de la finitud de los medios disponibles.

Finalmente, la virtud de la conciencia dice relación con la capacidad de reflexión, prudencia y cautela con que se procede. Como opuesto, podría hablarse de la temeridad como un defecto moral y profesional, pues se trataría de ejercer un arte o una profesión sin las debidas virtudes. No es otra cosa que la propia conciencia de la profesionalidad, no descuidando lo que se está haciendo y no perdiendo de vista de quien está al cuidado goza de una dignidad intrínseca.

Una de las tantas actividades que realiza el profesional enfermero, es el control de salud infantil, en donde el profesional debe acompañar, proteger y apoyar integralmente, a todos los niños, niñas y sus familias, a través de acciones como evaluación del DSM, aplicación de test, pesquisa de factores protectores y de riesgo, intervenciones oportunas no solo al niño sino con un enfoque familiar; así como focalizando apoyos especiales a aquellos que presentan alguna vulnerabilidad mayor. En cada control podemos poner en práctica cada uno de estos constructos, al igual que en todas las actividades a cargo del profesional de enfermería, para brindar una gestión del cuidado de calidad ya que el cuidar es un arte que debemos no solo aplicarlo, sino perfeccionarlo en el diario vivir.

Todo esto nos lleva a pensar que el arte del cuidar pide toda nuestra seriedad, tanto en la etapa formativa como en el ejercicio profesional del mismo. Quien se confía a nuestro cuidado no se confiará gratuitamente. Debemos ganarnos humana y profesionalmente el privilegio de cuidar a quien sufre.


III. ANÁLISIS CASO CLÍNICO.

3.1 Presentación del caso:

Lactante de 12 meses M.S hija madre adolescente L.F de 16 años asiste al CESFAM XX desde los 7 días de nacida. Ha presentado asistencia regular a los controles de salud del niño sano, a pesar de que su domicilio no corresponde a la circunscripción del CESFAM XX. 

MS presenta los siguientes factores de riesgo y de protección.

Factores de riesgo:
hija de madre adolescente (FR psicosocial). 
Escolar baja materna (8vo básico incompleto). 
Padre ausente. 
Estilo de apego evitante. 
Sensibilidad materna disminuida. 
Aumento de peso ponderal insuficiente. 
Displasia luxante de cadera complicada por inadherencia al tratamiento indicado. 
Enfermedad infectocontagiosa respiratoria y gastrointestinal recurrente (promedio 1 por mes). 

Factores protectores: 
Asistencia regular a controles de salud. 
Vacunograma al día. 
DSM normal. 
Familia monoparental extendida. 

En base a los antecedentes y tras determinar el diagnóstico de enfermería la enfermera encargada del sector propone a estudiantes de enfermería realizar una visita domiciliaria, ya que por estar fuera del distrito al que pertenece a ella no le corresponde realizarla. Los estudiantes acceden y en el informe se agregan los siguientes antecedentes: 
Situación de pobreza. 
Domicilio sin saneamiento básico completo (sin agua potable). 
Presencia de abuela materna quien juega un rol de apoyo positivo a la crianza. 
Confianza de la familia en la calidad de la atención de CESFAM XX, motivo por el cual prefieren éste al correspondiente por domicilio. CF refiere haber recibido malos tratos durante sus controles prenatales. 

La enfermera del sector solicita el traslado M.S al consultorio correspondiente al domicilio.

3.2 Diagnóstico de enfermería prioritario.

Valoración situación de salud del lactante.

ENI, Tipo de alimentación que está recibiendo. Extras (agua, jugos, otro tipo de alimentos). Indagar sobre el por qué no ha iniciado incorporación de rutina de almuerzos y cenas, que es lo que corresponde para la edad que tiene la menor. Indagar sobre horarios de alimentación que tiene actualmente (si tiene rutina establecida). Manipulación de alimentos. 
Indagar sobre razón por la inadherencia para el tratamiento de la displasia luxante de caderas. Evaluar posible falta de conocimientos o entendimiento del problema o su tratamiento dado por el médico. 
Indagar sobre frecuencia y características de deposiciones que ha tenido producto de recurrentes cuadros de enfermedades GI. 
Patrón respiratorio actual (FR, uso de musculatura accesoria, FC, coloración de la piel). Perfusión distal. Indagar sobre hábito tabáquico de los miembros del hogar. Indagar sobre condiciones del ambiente en el que permanece (humedad). 
Conducta y movimiento que muestra la niña durante la atención. Irritabilidad, llanto excesivo. Respuesta de la madre ante conductas de la lactante. 
Características de la piel, hidratación de piel y mucosas. Pliegues cutáneos de los muslos y las nalgas. Presencia de S y S de maltrato. 
Condiciones higiénicas en que se presenta. Estado de la ropa, adecuada a la temperatura ambiental. Lavado de manos antes de tomar a la menor o darle de comer 
Movilidad y largo de las extremidades inferiores. Rotación de la extremidad inferior afectada. 
Lugar donde duerme, con quien duerme y posicion en que duerme. 
Quien es el cuidador principal de la lactante. 
Macro y micro ambiente, presencia de plagas y animales, higiene del sector. 

Diagnóstico prioritario del lactante.

Alteración de la necesidad de evitar peligros R/C sensibilidad materna disminuida, desempeño ineficaz del rol M/P aumento de peso ponderal insuficiente, enfermedades infectocontagiosas respiratorias y GI recurrentes, inadherencia a tratamiento para la displasia luxante de caderas.

Por qué: crisis paranormativa, edad extrema, baja escolaridad materna, contexto sociocultural y económico, factores psicológicos -> Baja sensibilidad materna.

Valoración: 
Modelos previos del rol. 
Preparación para el desempeño del rol. 
Formación del rol. 
VIF. 
Socialización del rol. 
Redes de apoyo. (padre ausente). 
Estrés/depresión. 
Grado de aceptación del rol. 
Grado de motivación para el desempeño del rol. 
Factores que influyen en el cuidado de la menor. 
Valoración de los conocimientos adquiridos en controles anteriores. 

Diagnóstico de la madre:

Desempeño ineficaz del rol R/C vinculación inadecuada con el sistema de cuidados de la salud, cambios en los patrones habituales de responsabilidad, falta de recursos, nivel socioeconómico bajo, edad extrema M/P afrontamiento inadecuado del rol (falta de cuidados de la niña, falta seguimiento del plan terapéutico interdisciplinario, falta de conocimientos).

3.3 Constructos éticos del cuidar. (valoración ética).

Compasión: La enfermera no cumple este constructo ético fundamental, ya que no comprende a la madre en su contexto, no se aproxima a ella ni a su conflicto y no interioriza el problema real, solo analiza aspectos puntuales de la anamnesis, lo cual se evidencia en la falta de antecedentes importantes del contexto de la familia, por lo cual no llega a percibir la vulnerabilidad de la madre, no se da cuenta de la situación en que vive realmente. 
Si bien considera aspectos fisiopatológicos de la lactante no hace todo lo que está a su alcance para mejorar la situación de la familia, enfocándose en cumplir con normas de gestión, lo cual se evidencia en la solicitud del traslado de esta familia al CESFAM correspondiente según domicilio, sin tomar en cuenta las experiencias previas que tenía la familia en ese centro de salud.

Competencia: Respecto al caso hay bastante material para tocar desde este constructo. Se dijo que la enfermera mostraba un interés de cumplimiento de protocolos y metas más allá del compromiso con esta familia en situación potencial de riesgo biopsicosocial. Por lo que la parte valórica, de ideales y de enfoque que tiene su profesión no está siendo reflejada en su actuar. Lo que se traduce en falta o carencia de competencias de tipo emocional. Por otro lado, y no de menor relevancia, está las competencias basadas en evidencias científicas y conocimientos teóricos. Para dar pie a esta afirmación, el caso expone que la asistencia de la madre y la hija es regular a los controles de salud. Sin embargo, la niña presenta un apego evitante e infecciones a repetición. Hay un evidente problema de manejo del caso, por parte tanto de la intervención como la gestión de recursos disponibles, de tipo económicos y humanos, hacia la madre y su hija. Pasando por alto el desarrollo psicomotor (que en el caso se encuentra como factor protector por puntaje “normal”), sin indagar en el perfil del desarrollo y en la posible área alterada. Por otro lado, las infecciones a repetición nos llevan a muchas hipótesis, más de alguna no considerada por la enfermera, sea por falta de compromiso o desconocimiento de enfocarlas como potenciales alteraciones, en donde se hubiese llegado al hallazgo de condiciones de vivienda y situación económica de la familia con bastante antelación que en la visita de los estudiantes, con la lactante ya de 12 meses. El manejo hubiese sido bastante más oportuno. Entablamos entonces una directa relación entre el compromiso de la integralidad de las personas y el actuar basado en los conocimientos, para una atención de calidad. Si la enfermera ha pasado por alto los hitos del desarrollo de aquella lactante, si no se ha hecho énfasis en el estilo de apego seguro, en la estimulación de la comunicación, en lo que debiese ya manipular e incorporar la madre, vale decir, desde alimentaciones complementarias paulatinas hasta la higiene del sueño, difícilmente será capaz de empoderarse de su situación y surgir sin que su pequeña esté libre de alteraciones. Por lo que la carencia de competencias se pudiese tomar como casi rayando en lo negligente. 

Confidencialidad: Este tema es un poco más complejo de abordar. A simple vista podríamos decir que fue corrompida la confidencialidad, ya que la enfermera asigna a sus estudiantes a realizar la visita, alterando la relación “enfermera-paciente” de seguimiento y confianza. El tope de este pensar se crea cuando se tiene en cuenta que la enfermera no puede realizar por protocolo una visita domiciliaria que no corresponda a su sector. Por lo que ahora se hace factible mirar el acto de encaminar a que sus alumnos asistan de todas formas, como un modo de no abandonar el caso y a sus integrantes, además de los datos relevantes que entrega una visita en sí. Por otro lado, se puede abordar este constructo en la idea de que al no entablar aún una confianza en la relación terapéutica, claramente está ausente la confidencia, lo que se manifiesta en el desconocimiento de la enfermera de las causas del cambio de asistencia a controles desde su CESFAM correspondiente al actual. Dato rescatado en la visita de los estudiantes. 

Confianza: La enfermera no favorece con su actitud la generación de un vínculo de confianza con la madre, ya que no muestra una disposición que le permita a ésta creer en que quiere y será de ayuda para ella. En el caso presentado, la madre tenía confianza en la institución (CESFAM) donde se atendía y la enfermera buscaba trasladarla a otro centro en donde había tenido una mala experiencia de atención. Por esto restringe la posibilidad de confiar en que su intención es ayudar a la madre. El traslado de la madre y su hija hacia otro CESFAM tiene tanto bases administrativas como de beneficios, por ejemplo, la realización de visitas domiciliarias sólo se puede hacer si la familia pertenece al distrito del CESFAM, por lo cual sería beneficioso para el seguimiento de la familia el traslado a su centro correspondiente. El problema surge si la madre pierda la confianza en ambos CESFAM, lo cual podría generar que ella desista de asistir a los controles de salud, lo que aumentaría la situación de riesgo en la cual se encuentra su hija. Por esto es importante que la enfermera genere confianza en la madre, haciéndole saber que el cambio de CESFAM no es únicamente por razones administrativas, si no que la acción va en directo beneficio de ella y su familia.

Conciencia: En el caso la enfermera del CESFAM XX no es totalmente consciente de las diversas problemáticas de salud que posee la familia y que se deben intervenir, no sólo desde del punto de vista administrativo, buscando soluciones lógicas para el problema, como sería pensar solo en el cambio de la familia al CESFAM que le corresponde por domicilio, sino siendo consciente de que existen otras formas de solucionar el problema, abordando de manera integral la situación de salud de la familia, como sería el cambio de CESFAM, pero más que teniendo un enfoque administrativo, pensando en los beneficios que esto generaría para la situación de salud familiar.

El constructo ético más comprometido en este caso es la confianza. Si bien es cierto la enfermera actúa de forma correcta administrativamente trasladando a la madre y su hija al consultorio que por domicilio le corresponde, ya que esto generaría innumerables beneficios para la familia, el problema está en la forma en que enfermera realiza el traslado. En el caso planteado la enfermera, previo a solicitar el cambio de CESFAM debió ahondar sobre las causas del rechazo que poseía la familia con el centro de salud que por domicilio le corresponde, situación que se basa netamente en la confianza enfermera paciente dentro de la relación terapéutica, esta situación favorecería la comunicación y permitiría dar sentido a la intervención realizada por el profesional enfermero, procurando no perder la confianza que la madre tiene en ellos y favoreciendo así la asistencia de ésta y su hija a los controles de salud, gestionados de manera paulatina con el otro CESFAM, facilitando la integración de esta familia en el nuevo centro del salud y evitando al factor de riesgo que generaría la inasistencia de la madre y su hijas a los controles de salud.

3.4 Propuestas de intervención de acuerdo al diagnóstico de enfermería prioritario, considerando los aspectos éticos implicados.

PARA LA HIJA:

Intervenciones:
  • Generar instancias para favorecer la relación de apego entre madre/hijo, ayudando al aumento de la sensibilidad materna.
Ø  Explicar la importancia de aprender a leer las señales de su hija (llantos, muecas) para poder satisfacer adecuadamente las necesidades que ésta presente.
Ø  Explicar la importancia de la realización de actividades recreativas (juegos) ya                 que es una de las mejores formas de fomentar el apego seguro entre madre/hija.
Ø  Explicar que las actividades que se realicen con la niña sean en lo posible centradas en ella y la madre creando un ambiente tranquilo de intimidad para favorecer el vínculo entre el binomio madre/hija.
Ø  Enseñar a la madre la importancia de acoger a su hija frente a situaciones de estrés, ya que es en estas situaciones donde la niña más necesita demostraciones de afecto tanto físico como psicológico.
Ø  Explicar la importancia el tacto y caricias hacia su hija no solo de estrés sino que también de forma recreacional como la realizaciones de masajes de estimulación, lo cual favorecerá la relación madre/hija.
Ø  Explicar que la contención tanto emocional como física debe ser una conducta constante ya que el fin de esto es crear en la niña una conducta expectante respecto al sentir que estará ahí para ella cuando lo requiera.
  • Realizar evaluación nutricional integral.
Ø  A cargo del profesional de enfermería.
Ø  Nos permite cuantificar el déficit de peso existente en la menor, además de indagar sobre las causas de dicha alteración.
Ø  Inscripción el PNAC, si procede.
  • Fomentar la participación de la abuela materna en los controles de salud.
Ø  Permitir la presencia de la abuela en los controles de salud.
Ø  Entregar información sobre los cuidados que necesita la menor tanto a la madre como a la abuela, para favorecer el cumplimiento de los mismos.
  • Si bien en cierto, para entregar una atención que otorgue todos los beneficios a la menor es necesario trasladarla al CESFAM que le corresponde según domicilio, como profesionales enfermeros no nos podemos quedar con los brazos cruzados frente a la riesgosa situación de salud en la cual se encuentra la lactante, es por esto que creemos relevante comenzar la intervención de la menor lo antes posible en el CESFAM en que se encuentra, mientras se gestiona el traslado paulatino que creemos oportuno realizar a la familia, sin dejar de controlar el estado de la salud de la lactante durante este período de transición.
Indicaciones:
·         Vacunas: tres vírica y neumocócica conjugada.
Ø  A cargo de la enfermera, previa valoración del calendario de vacunas.
·         Indicaciones respectivas a la alimentación.
Ø  Horarios de comida sugerida, tipo y cantidad de alimentación. Considerar el proceso de erupción dentaria lo cual condiciona la consistencia de la alimentación, aumentando esta gradualmente hasta llegar a ser comida blanda pero picada.
Ø  Inserción de la niña a la comida familiar de manera paulatina, según lo permita la rutina de la misma.
Ø  Horario y volumen de leche diario sugerido para la edad.
Ø  Consumo de agua aproximadamente 200 ml/día.
·         Cumplimiento de indicaciones referidas al tratamiento de la displasia luxante de cadera.

Educación:
·         Importancia de la satisfacción de los requerimientos nutricionales para el crecimiento y desarrollo de la menor.
·         Educación sobre el manejo y los cuidados necesarios para el tratamiento de la displasia de cadera, recalcar la importancia de su cumplimiento.
·         Educación sobre técnica de manejo y preparación de alimentos en ausencia de saneamiento completo (higiene y cocción de los alimentos).
  
Derivaciones:
  • Nutricionista, para formular plan de alimentación que logre cumplir con los requerimientos nutricionales de la lactante y así permitir un aumento de peso adecuado para su edad.
  • Médico, para evaluar es estado de displasia luxante de cadera y elaborar un nuevo plan terapéutico según necesidad.
PARA LA MADRE:

Intervenciones:
  • Coordinación con la enfermera del CESFAM al cual se trasladará a la familia.
Ø  Coordinar traslado de forma paulatina, permitiendo la integración de la madre y su hija al nuevo centro de salud.
Ø  Favorecer la comunicación y acogida por parte de la enfermera del otro CESFAM para restablecer la confianza en ellos.
Ø  Apoyo de parte de la enfermera del CESFAM XX a la madre ante la situación de traslado.
  • Escucha activa.
Ø  Tenerla presenta en cada encuentro que se tenga con la madre.
Ø  Busca favorecer la expresión de sentimientos por parte de la madre, para ahondar en las posibles causas de la falta de cuidados del bebé.
Ø  Reconocer F.R psicológicos que pudiese presentar la madre.
  • Seguimiento constante a la familia.
Ø  No desligarnos completamente de la familia durante el traslado, si no intentar favorecer la integración de ésta en su nuevo CESFAM, propiciando así de manera directa el bienestar tanto de la madre como de su hija.
  • La principal intervención que como profesionales enfermeros debemos llevar a cabo en el caso señalado es el acompañamiento, el apoyo, y la escucha activa a esta madre que se encuentra enfrentando una situación difícil, la cual está comprometiendo el cuidado de su hija, afectando de manera directa su salud y bienestar. Muchas veces en la práctica de nuestro quehacer nos vamos a enfrentar a situaciones en las cuales más que verse comprometido el aspecto biológico de las personas a nuestro cuidado, existe una importante alteración en el ámbito psicológico y emocional, el cual afecta directamente todas las esferas que comprenden al ser humano, recordando la visión holística que el profesional enfermero debe tener de las personas atendidas. Es por esto que nuestra principal intervención en el caso, además de la gestión, es el apoyo y acompañamiento de la madre, siendo esta nuestra intervención directa e inmediata para favorecer la salud y el bienestar biopsicosocial de ésta.
Indicaciones:
  • Traslado paulatino al CESFAM que le corresponde por domicilio.
Ø  Coordinación con enfermera del CESFAM al cual se trasladará a la familia para favorecer la acogida de ésta. Intentar que el traslado sea paulatino y asistido, preparando a la madre y su familia frente a esta situación, colaborando a restablecer la confianza de la madre en el otro CESFAM, para asegurarnos de la asistencia de la madre y su hija a los controles de salud.
  • Gestionar integración a programas de protección social.
Educación:
  • Consejerías
Ø  Reinserción escolar: es importante no perder la oportunidad de orientar a la menor sobre la relevancia  de la continuación de sus estudios, no sólo para su bienestar personal, sino también por el de su hija.
Ø  Orientar e informar sobre los beneficios que generaría tanto en ella como en su hija el cambio al CESFAM que por domicilio le corresponde.
  • Educación sobre la importancia de su rol.
Ø  El educar sobre este tema facilitaría el empoderamiento de la menor en su nuevo rol de madre, lo cual beneficiaría directamente su salud y la de su pequeña hija.

Derivaciones:
  • Derivación asistente social.
Ø  Debido a su situación de pobreza y saneamiento básico incompleto, es importante favorecer la entrega de información con respecto a estas temáticas.
Ø  Importante destacar que las derivaciones se seguirán haciendo en el CESFAM XX, hasta que la madre y su hija se inserten de lleno en el otro CESFAM, favoreciendo así el seguimiento durante el periodo de transición a la familia.

3.2   Propuestas para coordinación y manejo del equipo interdisciplinario.

  • Crear instancias para la generación de protocolos para la orientación en caso de dilemas éticos en la atención de las personas y en distintas situaciones.
  • Gestión y coordinación con equipo interdisciplinario de salud del CESFAM a trasladar para entregar información relevante a conocer respecto al caso y para favorecer la integración de la familia al nuevo centro de salud.
  • Capacitar al personal sobre la importancia de las competencias comunicacionales para facilitar la relación enfermera-paciente y de esta forma favorecer las atenciones de salud.
  • Tratar como equipo del CESFAM la importancia de la confianza que depositan los usuarios en las relaciones terapéuticas y en las actitudes que se requieren para fortalecer este principio. 

III.                CONCLUSIÓN.

Luego de expuesta la situación y sus posibles intervenciones, es necesario sintetizar los datos rescatados para futuras experiencias.
Como mencionamos, la enfermería no se sustenta única y exclusivamente en el conocimiento del profesional. Requiere del complemento que proviene de las experiencias, creencias y valores de la persona que está del otro lado, de aquel que acude en búsqueda de cuidados.
Para lograr tener en cuenta cada factor de la persona que nos ayude en la promoción y aquellos factores dignos de atacar es sumamente importante el compromiso por parte del profesional con su paciente y su comunidad. Una eficaz recolección de antecedentes permiten el fiel reflejo del individuo, y una “fotografía instantánea” de su actual situación.
Los valores se definen como aquellos actos que se convierten en hábitos por sus reiterados empleos, y que a su vez, benefician tanto a quien los pone en práctica como a la sociedad, directa e indirectamente. Los cinco constructos analizados en la situación anterior nos dan la pauta de lo que debemos hacer, poseer e incorporar en cada práctica profesional. Incluso más allá, debido a su utilidad en la vida misma. Se muestra en la madre de aquella situación, en donde el conocimiento era el pilar débil que se debía reforzar, y el cual repercutía directamente en la pérdida del bienestar de quien necesitaba de sus cuidados directos: su bebé. Pudiese mostrarse esto como una posible carencia de competencia, en tanto su rol maternal. Y las manifestaciones eran evidentes en la alteración del binomio relacional “madre/hijo”. No caigamos sí en culpar a una u otra persona de manera exclusiva. Si consideramos las relaciones y la interdependencia de cada persona, como ser en sociedad, debemos dejar en claro que una falta de conocimientos de la madre, pudiese provenir de una falta de compromiso y entrega oportuna de información por parte del profesional enfermero.
Por otro lado, y algo que es de bastante frecuencia e impacto en la actualidad, el cumplimiento de metas y seguimiento de protocolos, que en la mayoría de los casos son efectivos; en ciertas instancias empiezan a desplazar el interés y el compromiso, reduciendo los horarios disponibles hacia la atención integral de las personas. Lo cual repercute directamente en la calidad de la praxis y la buena gestión. El delimitar áreas ayuda en temas de organización, pero cada estrategia incorporada en vistas netamente de una mejora de cobertura, en más de un caso pasa a ser un “arma de doble filo” como comúnmente se llama. “Lo que me compete a mí, lo que te compete a ti”. Genera una pérdida en la interacción efectiva como equipo de salud, aumentan las competencias en función de mayores “números” abarcados y menos enfoque en la globalidad de las situaciones. Se cae en una intervención ineficaz, estandarizada. Se pierde el nexo entre el profesional y la confianza que deposita el usuario, y se nubla nuestra meta principal: promoción, prevención, y recuperación de la autonomía de nuestras personas, de nuestra comunidad. Debemos tener “cuidado” entonces, paradójicamente utilizado el concepto, de caer en considerar más las cifras a alcanzar que las comunidad y sus respectivas realidades a abordar.


IV.                BIBLIOGRAFIA.

Torralba, F. (2000) Constructos éticos del cuidar.
Clases de la cátedra “Enfermería del niño y adolescente I”.
Clases de la cátedra “Ética-Bioética”: Valores, Ser de Enfermería, Ética del Cuidado.